He aquí al Hombre
Conferencia dada por el Maestro en Marzo 16 (estilo viejo), 1914 en Sofía.
"Y salió Jesús fuera llevando la corona de espinas y la toga púrpura.
Y Pilatos les dijo: "¡Ved aquí al hombre!" Juan 19:5
La palabra "hombre",– en búlgaro– da a entender un ser, que vive un siglo entero.
Pero en el idioma arcaico, en el idioma en el cual esta frase fue escrita,
"hombre" tiene otro significado– significa: Jesús, El Hombre, que vino a la
Tierra, El Hermano de los sufridos. ¿Qué debemos entender por estas palabras? ¿Puede
decir la gente de nosotros, cuando vamos por el mundo: "He aquí al Hombre"? Para
merecer este nombre, uno debe poseer en sí cuatro cosas: ser rico, fuerte, tener
conocimientos, tener virtudes. En seguida dirán: "¿Qué tiene que ver la riqueza
aquí?– La riqueza es el suelo, las condiciones en las cuales uno puede
evolucionar; es el suelo en el que se cultiva la Fuerza. Ésta última da calor y
luz, los cuales influyen al crecimiento, a la evolución. Cuando tenemos
Conocimiento, éste, es el método para comprender y regular nuestra vida. La
virtud, es la meta por la cual debemos esforzarnos. Siembren un grano de trigo y
les mostrará qué deben hacer. Dirán: "¿Qué?"– Pónganle humedad y los rayos del
Sol mostrarán qué anhela el grano de trigo: ir en una dirección– al Sol– la
fuente de Vida.
Nosotros también, como el grano de trigo, debemos crecer y esforzarnos hacia
Dios. Pero alguien podría preguntar: "¿Después de crecer, el grano de trigo
alcanza al Sol? Pues yo quiero encontrar a Dios." No es necesario que sepas
dónde está Dios, sólo debes esforzarte hacia Él. El grano sabe qué cosa es el
Sol y recibe lo que anhela. La misma ley se aplica a ustedes también– nosotros
también tenemos que producir el mínimo resultado. Debemos ser sembrados.
Ciertamente, nuestra vida estará llena de las dificultades que componen estos
mínimos, pero indispensables obstáculos como en el caso del grano de trigo. Es
necesaria cierta presión y luego vendrá el proceso de crecimiento, de
Conocimiento. Y cuando demos fruto, éste será ya la Virtud. Consecuentemente,
debemos ser sembrados, debe ponérsenos un poco de tierra, que haya un poco de
presión; luego debemos crecer para arriba y adquirir el conocimiento; y este
conocimiento, luego de crecer en cierta medida, debe inmediatamente convertirse
en un grano de trigo. Después de eso, el Amo mandará que cosechen el trigo y Él
separará lo valioso de lo inútil– los granos de los cardos. Nosotros nacimos:
esto significa– brotar; crecimos, nos desarrollamos, moriremos y nos sepultarán:
esto es el trillado. Y del alzar de eras el Señor tomará lo que necesita. Esto
se corresponde con el establo y el granero: la cizaña la colocan en el establo y
el grano– en el granero.
Les leí el Capítulo 19 del Evangelio de San Juan, para que vean las cuatro cosas
que Cristo llevaba en la Cruz– las cuatro cosas, que nosotros tenemos que
aprender. Si ponemos la Virtud en la cabeza, la cual no estaba clavada; al lado
izquierdo– el Conocimiento, a la derecha– la Fuerza, y debajo, en los pies– la
riqueza, tendremos entonces a una persona crucificada. Es decir, si clavamos la
riqueza, la Fuerza y el Conocimiento, sus néctares subirán a la cabeza– a la
Virtud. Cuando Dios quiere que alguien sea bueno, le clava a la cruz– clava sus
riquezas, fuerza y conocimientos. Por tanto ¿qué significa, "clavar"?– Ponerle
en la caja, para que nadie le tome, que nadie disponga de él, porque Dios habrá
de disponer. Él dice: "Mientras Yo trabaje te quedarás tranquilo." Y como uno no
quiere estar tranquilo, Dios dice: "Clávenlo para que esté tranquilo, para que
Yo trabaje.." Y cuando nos clavan a esta cruz, no debemos llorar, porque Dios
está trabajando entonces para nosotros. Infeliz es, quién no está clavado a la
cruz. Quien quiera que Dios se ocupe de él, debe pasar por este proceso de
evolución.
Estoy hablándoles alegóricamente. Antes de este proceso de evolución, de
cualquier manera, se necesita la Fe– la firme fe en el plan común Divino, que
tiene ante sus ojos a todos los seres que Dios creó. No debemos dudar de Dios,
porque Él es perfecto, todopoderoso. Porque Jesús en algún lugar dijo: "Lo
imposible para el hombre es posible para Dios." Los caminos Divinos son
irrevelados. No se debe admitir la idea de que estos caminos puede ser
distorsionados o reducidos; esto es imposible. Y cuando hemos sido llamados y
comenzado el camino Divino, debemos tener la fe sencilla, que tienen los niños.
Y debemos evitar los defectos, como aquél en la historia siguiente:
En Inglaterra, un gran artista quería pintar un cuadro, que expresara pobreza
extrema. Durante días y meses camino alrededor de Londres, buscando a un sujeto
que fuese adecuado a la idea. Finalmente encontró a un niño harapiento que apeló
a su corazón y se dijo: "¡He aquí el rostro que servirá para crear el cuadro!"
Se aproximó a él, le dio su tarjeta con la dirección y le dijo: "Ven a mi casa
en cuatro días, quiero hablar contigo." El niño, viendo a esta persona tan bien
vestida, pensó: "¿Cómo podría ir con él, casi harapiento? Y fue con sus
conocidos para vestirse mejor y presentarse como ante reyes. Encontraron ropa,
se vistió y fue al pintor.
— ¿Quién es?– preguntó el pintor.
— Yo soy el que así y asá.
— ¡Véte! Si quisiera una persona así vestida, hay miles de ellas. Te necesitaba
tal como te vi entonces.
Nosotros también, cuando el Cielo nos invita a trabajar queremos vestirnos. Pero
la Fuerza no está en nuestras ropas, sombreros, guantes y zapatitos; ni en los
cuellos, corbatas y relojes; éstas no arreglan nada importante. La fuerza está
en nuestra mente, en nuestro corazón, en los nobles impulsos y esfuerzos para
hacer lo bueno. Cuando tenemos estas cosas, las otras por sí mismas llegarán en
su tiempo. ¿Acaso cuando vayamos al Cielo debemos llevar las ropas de aquí?
Cuando Dios nos llama al Cielo, nos desviste aquí. Él no quiere nuestros harapos
sino, dice: "Tráiganmelo tal como es." Cuando alguien ha muerto, todos nosotros
le damos la espalda; incluso quienes le amaron dicen: "¡Llévenselo tan pronto
como sea posible!" ¿Dónde está entonces su amor? Pero Dios no se aleja y dice: "Tráiganlo,
le necesito tal como es." ¿Y cuando nos ponen en la sepultura y nos abandonan,
qué hace Dios?– Él comienza a hablar con nosotros y no como algunos piensan que
los muertos se están redimiendo. Nos pregunta: "¿Ya comprendiste la Vida,
comprendiste el significado de la Vida, a lo cual Yo te envié?" Durante esta
conversación justamente, Dios está pintando Su gran cuadro. Entonces viene el
proceso siguiente: la gente luego de despedirse de esa persona, comienza a
llorar y a enumerar todos sus buenos rasgos– ven ese cuadro Divino, expresado en
estas cualidades.
Nosotros tenemos que soportar los sufrimientos que nos llegan y sacar la
moraleja de ellos. Jesús a través de sus sufrimientos en la Tierra quiso darnos
el ejemplo de que debemos someternos a tal proceso Divino. En algún lugar dijo:
"¿Acaso Yo no tengo el poder de pedirLe a Mi Padre que envíe miles de ángeles a
salvarMe? Pero si no cumplo para lo que He venido, cómo se elevarán los
hombres?" Y Él mismo quería ser elevado. Ustedes están en la Tierra; un día,
para ustedes también llegarán tormentas, dificultades y puede ser que el mismo
destino. Pero cuando llegue esta hora, no le consideren, de ninguna manera, como
una desgracia, pues donde no hay sufrimiento, no hay riqueza. Allí donde hay una
tristeza, también hay una alegría; donde hay una muerte, también hay
resurrección. Y quien no quiera participar de los sufrimientos de la humanidad
no ganará nada. Pues ¿qué son los sufrimientos?– Una consecuencia de los errores
causados antes por nuestra ineptitud. Estos errores, justamente, se corrigen
durante el proceso del sufrimiento. Este proceso es un método de acomodar y
alcanzar esas elevadas vibraciones ascendentes, que están ahí, en el Cielo.
Tenemos que soportar cientos de sufrimientos para llegar a soportar una alegría
Divina. Entonces, justamente apreciaremos, como es debido, aquella alegría y la
conservaremos. Por eso, Dios comienza con los sufrimientos para templarnos (del
mismo modo que el herrero refuerza el hierro para que llegue a ser bueno para el
trabajo), para soportar la alegría, que vendrá después.
Cada uno de nosotros es necesitado, muy necesitado por Dios. Para el mundo
pueden ser nada, una nulidad, pero para Dios son una unidad importante. Sólo
Dios, Quién los ha enviado a la Tierra, valora nuestros sufrimientos, y por
tanto no deben preocuparse de lo que piense el mundo de ustedes. Aquél que les
ha enviado, piensa en ustedes y les valora. Para ustedes es importante contar
con la aprobación de Dios. Si Dios está con ustedes, ustedes serán bellos, pues
el mundo quiere lo bello. Si Él está con ustedes serán ricos, fuertes y buenos,
pues lo bueno siempre se respeta.
Ahora, voy a hablarles de Dios, no de un Ser abstracto, disperso a través del
espacio (como dicen los filósofos), de Quien no saben dónde está; sino de este
Dios, de Quién les estoy predicando, Quién se acuerda de nosotros, Quién ve
nuestros actos, Quién nos corrige, remedia, castiga, arropa, desnuda, nos hace
nacer y morir. ¿Qué es la muerte?– Dios hace cuentas ve que ustedes perderían
mucho y acorta el proceso de su vida. "Para evitar más acumulación de deudas,
tomen el capital que le di, el período actual no es benéfico, déjenlo para otro
día, tráiganMelo." Y en este proceso, creemos que el mundo se ha olvidado de
nosotros. Pero si el mundo se ha olvidado de nosotros, Dios se acuerda de
nosotros. Y el mundo, a cualquier precio, debe olvidarnos. Una doncella puede
jamás llegar a casarse si ama a todos los mozos; tiene que elegir a uno,
diciendo: "Éste, es mi mundo." Por tanto, en la Vida este hecho también es
verdad. Ustedes deben tener sólo un Dios. Hay muchos dioses en el mundo, que
quieren adueñárselos, pero ustedes deben encontrar a su Dios, con Quien pueden
vivir, desarrollarse, enriquecerse.
Las Escrituras dicen: "Dios no está sólo en el Cielo; Él habita en los corazones
de los humildes." Por tanto, la primera cualidad que deben obtener para que Dios
more en ustedes es, la humildad. Pero esta humildad no es como la humildad de un
cordero: cuando les golpean y les rompen las piernas, dicen: "¡Nada se puede
hacer!" No es humildad, cuando les quitan todos sus tesoros y dicen: "Nos hemos
vuelto humildes." Humildad, es cuando tienen toda la riqueza, Fuerza,
Conocimientos, Bondad, cuando toman conciencia y dicen: "Dios, dispón Tú de todo
lo que tengo." Y, hoy día la gente hace lo siguiente: todos predican las
Escrituras y todo el tiempo corrigen al mundo; pero cuando Dios ve sus bolsillos
repletos, gritan: "¡No, para acá no! Mira, podemos dar la mitad, pero todo– no!"
Cuando esto se refiere a la Fuerza, dicen: "Tú no puedes disponer de todas mis
fuerzas." Pero cuando estamos en apuros, Le rogamos y pedimos que nos guíe y nos
ayude. Esta manera de comprensión humana de la Vida predomina en todas las
filosofías desde hace miles de años. Y nuestras desgracias vienen exactamente de
allí.
Jesús a través de Su Vida personal quiso mostrarnos El Camino. Muchos cristianos
entienden que cuando se vuelven Cristianos, deben dejar el mundo. Ustedes pueden
dejar sus casas, riquezas, esposas, hijos, pero aún así, continuar pensando en
ellos. Pueden retirarse a un tranquilo monasterio, pero aún pensar: "¿Cómo
estará mi esposa, mis hijos, mi casa?" Y esto significa que no les han dejado,
que no son libres. Dejar las cosas, no significa olvidarlas, sino dejar a la
gente en libertad: dejar a la esposa actuar como ella sabe, dejar al hijo actuar
como él quiera. Dejar al mundo significa abandonarlo, no estorbarlo; que siga su
curso. ¿Podemos detener el flujo de un río? Debemos dejarle seguir su camino.
Podemos hacer sólo una cosa– utilizarlo. De igual manera, no podemos detener la
Vida también, sino que solamente debemos hacer uso de las cosas. Jesús, clara y
afirmativamente nos dijo: "¡Si Me aman!" Y, ¡debemos amarLe! Él no dijo: "¡Ay de
ustedes, si no Me aman!" ¡No! Dios jamás ha querido sacrificios forzados de
nosotros.
La gente dice: "¿Por qué Dios que es Todopoderoso no corrige al mundo?" ¿Cómo
que lo corrija?– "Al que mienta, que se le seque la lengua; al que robe, que se
le seque la mano. Pero, entonces tendríamos un mundo compuesto sólo de mudos y
lisiados. ¿Qué piensan? ¿Sería agradable para nosotros un mundo así, compuesto
sólo por mutilados? Dios, sin embargo, da una dirección diametralmente opuesta,
va por el proceso opuesto y dice que quien quiera ser amo debe llegar a ser un
servidor. Este proceso consiste en lo siguiente: los que son fuertes normalmente
quieren que todos los ríos fluyan en su río; en la Bondad, por ejemplo, este
proceso es exactamente lo opuesto– Dios fluye en arroyuelos, pero en vez de
mandarles, Él deja que se manden por sí mismos. Pueden hacer un pequeño
experimento en su casa: quítense la idea de que ustedes mandan; háganse a la
idea de llegar a ser servidores de Dios. Entonces, estarán en donde Dios. Buscan
a Dios en el Cielo pero Él no está ahí; cuando ustedes se quejan y sufren, ¡Él
está en su interior! Y lo que la gente llama crecimiento, evolución, se debe a
que en este proceso obra Dios. Él es el mejor trabajador.
Algunos se quejan: "¿Por qué no ve Dios nuestros sufrimientos?" Pero, Dios dice:
"No tengo tiempo. Estoy muy ocupado con sus asuntos, estoy ocupado en asuntos
suyos mucho más importantes; cuando haya tiempo, me ocuparé de sus mezquinas
inconformidades." Esta no es una alegoría, sino la realidad. Hay un versículo en
las Sagradas Escrituras en el que Dios dijo: "Yo era como un carro de carga para
Israel donde la gente constantemente arrojaba todo." Sin embargo, los
sufrimientos que experimentamos aquí, son los sufrimientos de Dios. Él está
sufriendo y llorando dentro de nosotros. Decimos: "Yo estoy llorando, mi alma
está triste", pero cuando decimos: "Dios, perdóname, Te he causado tantos
sufrimientos con pensamientos y obras impuras", entonces llegamos al Camino real
que nos salvará del mal contemporáneo. Y finalmente, debemos dejar que nuestro
Dios se fortalezca en nosotros. Le hemos atado con cuerdas y Le hemos clavado.
Tenemos que ponerLe en el sepulcro y dejarLe en paz y entonces Él resucitará y
nos librará. Y estén seguros de una cosa: nosotros, los humanos, somos quienes
estorbamos Su Camino; los demonios no obstaculizan el Camino del Señor. Puesto
que Él estableció la Ley de la Libertad aquí, Él no puede, no quiere cambiar
esta ley. A menos que hagamos conciencia de someternos voluntariamente, Él no
nos librará. La conciencia de ser como Él debe penetrarnos profundamente.
Entonces podemos usar nuestras riquezas, fuerzas, virtudes para elevar. ¿A
quiénes?– A nuestros hermanos, a nuestros prójimos. Cada uno de ustedes debe
buscar y apreciar las almas de sus hermanos y no amar sus cuerpos.
Y puedo decirles que Jesús, Quien vino aquí, aún no ha abandonado la Tierra. Él
está viviendo entre la gente, está trabajando en ellos y debe ya resucitar en
nosotros. Tengamos fe, pero no aquella fe y aquel miedo que tenían los judíos:
"Nosotros no tenemos otro rey, sino el César." Y cuando unos cuantos años
después el mismo César destruyó Jerusalén y derribó su templo, ellos le negaron.
Ahora, también uno puede decir: "El César es mi rey", pero las consecuencias
serán las mismas.
Permítanme volver: tenemos que vivir en este mundo, prepararnos. No podemos
vivir en el Cielo, porque allí el calor y la luz son muy intensos. Del mismo
modo que un jardinero injerta pinos, traídos de algún lugar alto, hará
diferentes injertos hasta que se aclimaten, del mismo modo el Padre Celestial
tampoco puede llevarnos de aquí y plantarnos directamente en el Jardín del
Paraíso. Incluso el sistema educativo está organizado de igual manera: al
principio tenemos que pasar por la primaria, luego– la secundaria, más adelante–
el bachillerato, la universidad y al final entramos al mundo. A todos estos
métodos de la cultura debe acomodarse el que quiera progresar. Un Cristiano, en
mi opinión, no debería ser tan tonto como para decir: "Lo que Dios nos dé."
Cuando han arado su campo, ustedes siembran el trigo, porque si no siembran el
trigo ¿qué dará Dios?– "Mala hierba y espinas." Cultiven el viñedo, plántenlo y
les dará frutos. Y según la clase de parra que planten, tales frutos dará: si
plantan ramitos de baja calidad, producirá uvas ácidas. Dios dio a su hijos una
mente buena, pero, ustedes: ¿qué han sembrado en su mente?, ¿las semillas que
darán buenos frutos? Si queremos podemos ser virtuosos, fuertes, ricos; podemos
tener: Virtud, Fuerza y también la riqueza, y nos es necesario tenerlas. Las
condiciones, en las cuales éstas crecen y pueden desarrollarse, son: la semilla
Divina, la ley Divina y el equilibrio Divino. El equilibrio– es la Virtud; la
ley– es el Conocimiento; las circunstancias– son la Fuerza; la semilla– es la
riqueza.
Pero me preguntarán: ¿Cómo encontraremos a Dios? Esto es muy fácil. Una persona,
quiso hacer una broma e irritar a alguien, le dijo:
— Ahora estamos en un jardín en el que hay manzanas muy buenas.
— Pues, yo no veo nada– contestó otro,– cerrando sus ojos.
Su amigo le dio una bofetada y aquél, ¡empezó a ver!
Del mismo modo, Dios nos da una bofetada a veces y nosotros vemos. Aquellos de
ustedes, cuyos ojos están cerrados, anhelen que les sean abiertos. El mundo
actual argumenta y dice: "¿Dónde está Dios?– Él está en los árboles y las
piedras, también está en la tierra." Sin embargo, si viene una desgracia, todos
se vuelven hacia arriba y ven que Él está ahí y le gritan: "¡Dios mío!" Esta es
la causa de las desgracias: estas son la bofetada que nos da Dios, diciéndonos:
"Yo les he creado para ver más no para estar con los ojos cerrados." Así que
nosotros para elevarnos, debemos obtener el estado de los niños: estar buscando
y ser receptivos.
Ahora, les diré otra cosa, ¿cuál es el método de acuerdo al cual debemos
trabajar? De ahora en adelante debemos estar siempre conectados mental y
cordialmente con toda la gente en la Tierra, porque la salvación está en
nuestras oraciones en comunes. "La unión hace la fuerza." Y cuando las mentes y
los corazones de la gente se unen, entonces, vendrá a la Tierra el Reino de
Dios. En un amigo, a quien amamos de verdad, no debemos buscar defectos; él,
como nosotros, puede tenerlos. Los defectos son las vestiduras externas, con las
cuales uno está vestido. Pero el alma humana es pura, ella no puede ser
estropeada, no puede ser destruida. Nadie puede corromper su alma Divina; puede
mancharla exteriormente, pero no puede interiormente, porque Dios habita en
ella. Es imposible destruir algo que Dios protege.
Nosotros podemos someternos ante el mundo, exactamente como lo hizo Cristo,
cuando Pilatos le dijo: "Yo tengo el poder de crucificarte."– "Me someto a Aquél
que te ha dado este poder, pero Mi alma es libre." Tenemos que someternos a los
sufrimientos temporales. Nosotros no podemos comprenderlos, pero cuando muramos
y resucitemos, comprenderemos porqué han sido estos. Todos están ahora siendo
atormentados por turbaciones y temores en la Vida. Pero ésta no es la Vida.
Vida, es cuando uno está colmado de nobles sentimientos. Feliz, es aquél que se
alegra de que ha podido hacer algo bueno desinteresadamente. Alguien les
ofendió; pues no se quitaron el sombrero, ni le estrecharon la mano. Pueden
estrechar las manos, sin que esto sea un saludo; pueden quitarse el sombrero,
sin que este sea un signo de respeto. Pero, normalmente nos quitamos el sombrero
ante alguien con una mayor posición, como diciéndole: "¿Podrías darme un puesto
más alto?"
Vive un diabólico pez en el mar que saluda a todos los que se encuentra por su
camino. Una persona también estrecha la mano de otra. ¿Por qué?– Estos
diabólicos dedos de la mano humana hablan demasiado. Por ejemplo, el meñique
dice: "¿Puedes darme dinero? Debo mantenerme del comercio. Tengo pérdidas, me
roban. ¿Puedes ayudarme?" El anular: "Me gustaría la fama y el conocimiento de
un pintor." El cordial: "Yo quiero algunos derechos y privilegios." El índice:
"Necesito honor y respeto." El pulgar: "Quiero fuerza y destreza."
El saludado, si puede y quiere, dará. Y los dos se irán, más tarde serán tres en
la sociedad y formarán un coterie[1], pero no encontrarán lo que buscan. Al
final Jesús vendrá y les dirá: "Lo que ustedes buscan– riqueza, Fuerza,
Conocimientos, Bondad, Yo se los puedo dar. No hay ni uno entre ustedes, que
haya dejado a su padre y madre por Mí, que no haya recibido la Vida futura
cientos de veces." Vean aquí al Hombre, Quien puede darnos la mano, Quien puede
darnos– riqueza, y Fuerza, y Conocimientos, y Bondad. Pero la gente dijo:
"¡Llévenselo, crucifíquenLo!"– a lo que Pilato apuntó: "Ustedes Le están
perdiendo." Jesús, ahora también está frente a ustedes y les digo: Vean aquí al
Hombre que están buscando. El único Hombre que puede llenar sus corazones con
paz, darles una mente, darles salud, posición social, elevarles, mostrarles el
Camino e iluminar su mente. Pero en su duda dicen: "¡MuéstranosLo para que Le
veamos".
Les daré una comparación: si una persona aparece a lo lejos una noche trayendo
una velita; y les digo: "Vean aquí al hombre, quien les trae luz." Pero ustedes
verán la vela, no al hombre. ¿Cuándo Le verán?– Cuando salga el Sol. Busquen por
sí mismos la Luz, que trae el Hombre, ésta les ayudará a encontrar el Camino que
deben seguir. Es así como tienen que entender la cuestión.
Les daré otra comparación, más sencilla: supongan que los llevo a una rica, pero
oscura habitación y les digo:
— Esta habitación está lleva de bellas decoraciones, de grandes riquezas; en
este rincón hay esto y aquello, en el otro– esto y aquello.
— Puede ser, pero quién sabe, no veo nada– objetan.
Si traigo una velita, entonces los objetos cercanos empiezan a perfilarse; si
traigo otra más, los objetos se perfilarán más claramente; si las velas se
incrementan, la habitación paulatinamente se volverá más iluminada e iluminada;
si una lámpara eléctrica es prendida, los objetos se volverán completamente
claros, pero cuando la luz del día entra todo se hace visible. El mundo es como
esta habitación y cada uno de nosotros debe volverse un portador de la Luz,
llevando una vela. Y cuando todos entremos con nuestras velas y las juntemos,
así incrementaremos la Luz, ¡veremos mucho! Sus cerebros son como velas. No me
agradan los que llevan velas apagadas, pero los que llevan velas iluminadas, ¡es
como si fuera Viernes Santo! Cada uno de nosotros debe ser como una vela
iluminada. Una persona fiel, afectuosa, bondadosa es una vela iluminada. Pero es
un gran error si alguien es como una vela apagada.
Preguntan: "¿Qué hacemos?".– Deben rezar unos por los otros, enviar buenos
pensamientos a sus amigos, rezar por ellos, querer que sean bendecidos– y cuando
Dios les bendice, les bendecirá a ustedes también.– Pero, ¿por qué debemos
rezar?
En el verano de 1899 en la región de Novi Pazar hubo una gran sequía. Los turcos
de treinta y nueve pueblos en el alrededor se reunieron y rezaron por la lluvia
y comenzó a llover. Los búlgaros se dijeron: "Si Dios les envía lluvia a ellos,
nos la enviará también." Pero no llovió en sus pueblos y su ganado enflacó de
hambre. Cuando la gente rece, reza tú también; tú también debes hacer tu
petición. Dios no hará un renglón especial para ti, si no rezas. La oración
tiene una gran fuerza y la gente contemporánea debe ser gente de oración: con la
oración preparamos nuestras mentes y nuestros corazones. Pero no debemos rezar
por nosotros mismos; eso es egoísmo.
No quiero tratar con las mentes humanas, mi deseo es tratar con sus corazones,
pues todo el mal está en los corazones. Pues Dios mismo dice: "¡Hijo Mío, dame
tu corazón!" Tenemos que comenzar ahora una purificación como para la Pascua–
abriendo ventanas y lavando pisos. Todos nos quejamos bajo la misma carga, por
doquier hay una desarmonía común, el esposo y la esposa no se ponen de acuerdo–
dividen la casa, dividen el dinero, la esposa no está contenta con que su esposo
guarde el dinero. Si el esposo o la esposa lo guardan, no hay diferencia.
Lleguen a un acuerdo de quién será el cajero. Discuten quién tendrá el primer
lugar en casa, si la gallina o el gallo cantará. ¡Qué gallinas ni qué gallos!
Esto no tiene importancia alguna en la Vida. Les he dicho: otra cosa es lo
importante.
Jesús vino y está trabajando; y cuando la Luz llega, viene paulatinamente, en
silencio, sin ruido. Él no llega como el rayo, como algunos Lo esperan. Esto
también puede suceder, pero Jesús no está ahí. Cuando el profeta Elías fue al
desierto y se dedicó a ayunar y rezar, y cuando llegaron la tormenta y el fuego,
Elías cubrió sus ojos, Dios no estaba en la tormenta y el fuego, sino en la
callada voz, que le hablaba. Dios no está en sus sufrimientos, en su fuerza, en
sus conocimientos. ¿Dónde está?– En el Amor. Si aman, Él estará en ustedes. Si
no aman, Él no estará. Y ustedes tienen que amar, esa es la ley. Nosotros no
amamos, pero esperamos que la gente nos ame. Es como sentarse frente a la estufa
esperando que alguien nos traiga madera para que nos calentemos. Nosotros,
nosotros mismos, debemos tener este combustible, del que los demás también
pueden hacer uso. Nosotros, que seguimos a Jesús, Quien nos ha dado suficientes
fuerzas, debemos finalmente dejarLe entrar en nosotros.
Ahora, les dejo a este Hombre. ¿Le aceptarán o Le crucificarán? ¿Le dejarán
entrar o dirán: "No Le queremos?"– Esta es la cuestión que deben resolver. Si
dicen: "DéjenLe, Él es nuestro Señor", ustedes han resuelto la cuestión y
llegará la bendición. Y entonces se cumplirán las palabras de las Escrituras:
"Yo y Mi Padre vendremos para establecer una morada en ustedes." Entonces, la
Luz estará en nosotros y todos nos reconciliaremos.
Equipo de traducción al español:
Zornitza Gáneva - Bulgaria
José de Jesús Saavedra Aceves - México
Todos los participantes en los equipos de traducción trabajan voluntaria y
gratuitamente.
Agradeceremos cualquier tipo de ayuda, especialmente en la edición, publicación
y distribución de las traducciones.
[1]Coterie– Francés. Un grupo de gente unida por un objetivo de interés común.
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